- Oye, ¿te enteraste de que Irlanda dijo NO al Tratado de Lisboa? A quién se le ocurre hacer un referéndum popular sobre un asunto tan delicado sobre el que el ciudadano medio no tiene conocimiento ni, posiblemente, interés.
- Pues yo me alegro. Por fin se ha oído la voz del pueblo, aunque suene un poco utópico. Eso es democracia y no las decisiones que se toman en los Consejos de Ministros o en el Parlamento, a espaldas de la sociedad.
- ¿Pero qué dices? ¿No te das cuenta de que esto es un varapalo para la UE? Es un paso atrás en la construcción de un proyecto común que nos beneficia a todos. Con el NO al tratado de Lisboa somos más débiles, menos competitivos e igual de desorganizados. Piensa en todo lo que habrá que hacer ahora para salir adelante.
- Ta vez nuestros dirigentes deberían entrar en un período de reflexión. ¿Esta es la Europa que queremos? Yo creo que no. Europa se está construyendo actualmente sobre pilares económicos, mercantiles y militaristas. ¿Dónde están los valores, los principios, las identidades, los derechos, los ciudadanos…? En la mal llamada Constitución Europea se destacan los capitales y la libre circulación de mercancías pero apenas se hace una referencia clara a valores como la igualdad y la solidaridad. Yo me pregunto ¿porqué lo llamaron Constitución cuando querían decir Tratado?
- Todo lo que me cuentas me suena a palabrería. Yo lo único que veo es que un difícil acuerdo entre los 27 países de la UE se ha ido al traste porque sólo a uno se le ha ocurrido hacer un sufragio.
- ¿Y eso te parece mal? El famoso “Tratado por el que se instituye una Constitución para Europa” fue llevado a referéndum en todos los países y calló de manera estrepitosa en Francia y Holanda. España fue el primer país en ratificar dicho tratado el 20 de febrero de 2005, tras haber sucumbido a una campaña publicitaria a cargo de nuestros dirigentes y en favor del SI (porque SI) en la que no había lugar a réplicas o cuestionamientos. En Bruselas le vieron las orejas al lobo, la voluntad popular no es la voluntad política. La mejor solución era parchear aquel tratado y adaptarlo a las nuevas circunstancias surgidas desde el año 2005. El nuevo tratado, acordado en Lisboa el 13 de Diciembre de 2007, no podía sufrir igual destino que la famosa "Constitución". Nada mejor para evitarlo que llevar el nuevo tratado a votación parlamentaria, allá donde se ejerce el poder del pueblo sin el pueblo. La oligarquía europea se ha topado ahora con Irlanda y no se plantea mejores alternativas que seguir adelante con el tratado y encontrar los resortes legales necesarios para esquivar este escollo.
- Vaya, entonces, según tú, lo mejor es que toda decisión de trascendencia europea sea tomada por plebiscito ¿no? Pero ¿no te das cuenta de que eso implica unos costes, una demora en los tiempos y una inestabilidad interestatal imposibles de soportar?
- Evidentemente, no es posible que cada una de las decisiones que se toman a nivel europeo se resuelvan por consulta popular. El problema es de fondo, es sobre la Europa que se está construyendo y el papel que los ciudadanos jugamos en ella. Esta convivencia continental social y económica no nos ha venido dada, la estamos construyendo ahora mismo y no desde hace mucho tiempo; por ello es necesario plantearse si realmente queremos que sea tal cual se está desarrollando. Por ponerte dos ejemplos puntuales y de máxima actualidad: ¿Te parece bien que llegue a buen puerto el acuerdo para ampliar la semana laboral hasta las 65 horas o que un emigrante sin papeles quede retenido en un centro de internamiento hasta 18 meses?
- Umm, esas son aguas de otro costal, yo sólo quería destacar lo desagradecida que ha sido Irlanda con Europa…