En los últimos años hemos visto cómo a los Medios de Comunicación tradicionales se ha incorporado el poder de la Red. Televisión, prensa y radio han sucumbido a la gran herramienta de globalización, un espacio de difusión bidireccional que ha roto los esquemas de la comunicación y ha democratizado el poder de la divulgación.
Lo que antes era visto como un competidor al que temer, ahora es una herramienta con la que es imprescindible contar. La web ha dejado de competir con los medios para integrarlos, para adaptarlos, quién sabe si incluso para salvarlos de la quema.
La clase política, conservadora y lenta por naturaleza y necesidad, nunca ha sido ejemplo de vanguardia y siempre ha ido a remolque de las tendencias, ya cuando éstas son realidades consolidadas.
Así, la presencia de la política en la red ha sido fruto de la iniciativa particular, del debate social, de la inquietud de aquellos que con sus reflexiones o informaciones, han difundido el discurso político y el pensamiento crítico. Precisamente estas acciones y valores son motivo de desconfianza e inquietud por parte de unos partidos políticos que hacen uso de la red en momentos puntuales y con fines oportunistas.
Las elecciones de Marzo de 2008 han sido un claro ejemplo de cómo la clase política se acerca a la red con miedo, dubitativa, con aquella sensación de descontrol y albedrío que tan poco gusta en el sector. La proyección digital de los políticos más destacados y de los partidos se ha limitado a la venta de imagen y mensaje en las redes sociales más populares. Se ha intentado demostrar que cada uno está más a la última que los demás y que el webdospuntocerismo es una moda en la que también toman partido. Sin embargo, el uso arribista de una herramienta mal interpretada sólo da lugar a resultados mediocres y caducos a corto plazo.
La política española usa las redes sociales para exhibirse y vender mensaje, no para crear discurso. De nuevo la pantalla se convierte con desacierto en ese espacio informativo en el que encajar el mitin de rigor, sin tener en cuenta que en el caso de Internet, el espectador que se haya detrás es crítico y activo. Debate, discurso, apertura, exposición, horizontalidad y bidireccionalidad. Esos son algunos de los conceptos que la política se resiste a aceptar y que tendrá que asumir si pretende estar a la altura de las nuevas circunstancias.
¿Tendremos en 2012 auténticas campañas 2.0?
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